Finalmente, este mes de marzo –y después de meses de anticiclón– el agua ha llegado a nuestro territorio. Hemos estado prácticamente 3 meses sin lluvias, desde finales de noviembre del año pasado, y esta escasez de agua ha pasado factura a los bosques y embalses y, por tanto, a los campos y cultivos.
Las últimas precipitaciones han sido suficientemente importantes para aumentar significativamente las reservas de agua de los embalses –aunque en sus cuencas internas siguen por debajo del 60% de su capacidad–. Desgraciadamente, para algunos cultivos extensivos de secano, parece que la lluvia no ha llegado a tiempo y su rendimiento se verá afectado.
En el pantano de Boadella se han recogido más de 132 litros de agua por metro cuadrado en los últimos tres días. Este embalse se encontraba al 42,12% de su capacidad, cuando hace un año estaba al 84,8% en estas mismas fechas. El pantano de Sau está al 50,1% de su capacidad (hace un año al 87,6%) y el de Susqueda tiene un 57,9% de reservas de agua, cuando en estas mismas fechas de 2021 estaba al 89,8%. Siurana se encuentra al 30,1% de su capacidad (86,9% hace un año) y el de Riudecanyes al 20,5% (26,6% hace un año). Ahora falta contabilizar la lluvia de los próximos días, así como el deshielo progresivo de la nieve caída en el Pirineo.
Los cultivos con riego controlado no están tan condicionados por las lluvias de forma inmediata, pero un incremento de las reservas de agua de los embalses en los próximos meses también es muy de agradecer. En este sentido, son interesantes los estudios de variedades y su adaptación a la sequía que organismos como el IRTA están llevando a cabo en los últimos años a fin de paliar los efectos que la carencia de agua produce en la producción agrícola.